viernes, 26 de marzo de 2010

Más Allá de los Confines Municipales
RANCHO MUNDITO
El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés; en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor". Ortega y Gasset.Del Libro Jesús Nazareno de Los Palacios, 250 Años de Historia

Por el P. Joaquín Gaiga
Párroco de Los Palacios y Administrador
Parroquial de San Diego de los Baños,
desde el año 1997.

Trátase precisamente de las comunidades cercanas o situadas en la zona montañosa al nordeste del Término Municipal de Los Palacios: Fierro y Santa Teresa que se encuentran a lo largo de la carretera central andando hacia Santa Cruz de Los Pinos. Morán y Campo de Tiro que se encuentran más al norte, cercanas a la sierra; Sabanilla y Rancho Mundito que son pintorescos caseríos situados en plena Sierra del Rosario.




Sierra del Rosario.
Fotografía por Ángel González.

Subir a estos últimos pueblecitos es siempre encontrarse con la genuina y trabajadora gente de la montaña, gozar de un paisaje encantador por sus valles y relieves boscosos y su lozana vegetación sobre todo en la temporada de lluvia. Por allí transitaron los mambises. También estos montes dieron refugio a cimarrones, guerrilleros, rebeldes, alzados, etc.

La carretera de acceso se encuentra en condiciones bastante buenas. Dejado Campo de Tiro, cuyas casitas en parte están pegadas a las primeras laderas de la montaña, poco después se encuentra el mirador de la Finca "La Tranquilidad", hoy propiedad estatal no abierta al público, de la cual escribía el palaceño Armando Hernández Ibañéz: "¿Quién no reuerda este bello lugar?. Propiedad que fue del extinto Senador de la República Dr. Miguel Suárez Fernández, que falleció en tierras del norte."



Otra vista de la Sierra del Rosario.
Fotografía por Ángel González.

Desde allí la carretera empieza a subir más y, después de centenares de  metros, es posible gozar de una amplia visión de la fértil llanura abajo y del espejo azul que constituye la Presa Bacunagua. Estamos cerca también de la cueva donde el homónimo río, después de su misterioso recorrido en las entrañas de la montaña, sale a la vista en un anfiteatro de rocas atormentadas y de florida vegetación.

La carretera sigue entre subidas más o menos empinadas y breves descensos y tramos semi-llanos con declives cubiertos de una vegetación tan espera e impenetrable que parece una alfombra de verde de los más variados matices.

A un cierto punto el valle se abre formando como una pequeña meseta siempre rodeada por alturas en que esta misma vegetación se va aclarando para dar espacio a la presencia de pequeños cultivos de café, de malanga, de maíz, de yuca, de plátanos, de cítricos y otras plantas frutales trepadas en sus declives. Es en este punto del valle que, en tiempos en que no estamos en grado de establecer, surgió el caserío de Niceto Pérez, más comúnmente llamado Rancho Mundito.

"Un anciano de estas lomas me explica: "Este nombre, le deriva al pueblo del Señor Raimundo (Mundito) Ferrer, que habitó aquí más o menos hasta los años treinta. Era un general retirado que transformó éste en un lugar muy atractivo. Él venía de La Habana y vivía en la capital pero, a empezar de cierto período, sus estancias aquí se hicieron más largas y permanentes".

"Invirtió en adornar y embellecer este pueblecito con grandes recursos. Pero también supo sacar provecho de la gran finca que aquí poseía y en el cultivo de la cual empleaba a varios habitantes del lugar. Poseía también una bodega lindísima y bien abastecida en la cual se encontraba de todo, y a pesar de que la gente lo juzgaba mal, en realidad era generoso. Yo soy testigo de ello.

"Por aquí, como usted ve baja el Río Bacunagua que, un poco más abajo, desaparece y se interna en las entrañas de la montaña para reaparecer en correspondencia de la Cueva del Indio, un poco al oeste de la finca de "La Tranquilidad". La llaman también la Cueva de los Murciélagos porque hay millones de estos animalitos y en tiempos pasados el abono de murciélago sacado de aquella misma cueva se comercializaba en camiones".


La piscina en Rancho Mundito.
 "Aquí en Rancho Mundito, el Coronel Raimundo Ferrer, aprovechó el agua del río para construir un lago artificial que todavía en cierto período del verano se llena de agua y ofrece posibilidad de recreo a la juventud. Pero, ¡ojalá usted hubiese podido ver la espléndida piscina que además el Señor Mundito había construído!. Y en aquella sí exigía el máximo de la limpieza: ni se podía echar una colilla de cigarro, ni quería ver una hoja de arbol. Tenía el piso pintado y el agua estaba siempre limpia y azulita porque la hacia limpiar cada día".



"El Castillo",  en Rancho Mundito.
Fotografía Archivo (OGEPE).

"Tenía mucha gente trabajando en cuidar la finca, en arar, labrar, sembrar, cosechar, cortar leña que en parte comerciaba, en parte usaba para hacer funcionar la panadería que aún poseía".

En suma, fue realizando una seria de estructuras que aumentaron la belleza y el renombre del lugar al punto que frecuentemente nos visitaba gente de La Habana y hasta del extranjero. Construyó su habitación en forma de molino de viento holandés y construyó también el otro castillo sobre el despeñadero que domina el pueblo y que ahora, con muchas otras cosas, es una ruina. Siempre quien sube hasta allá goza sin embargo de una lindísima visión del valle y de sus alrededores".

Al irse aquí el Señor Ferrer, alrededor de los años 1932-33, vendió la finca a los Bacindez de vuelta arriba y, menos de diez años después, compraba todo, el administrador de los Bacindez: el Señor Enrique Martínez. Después que en los años sesenta su propiedad y sus aserraderos fueron intervenidos, todo fue decayendo y se acabó con muchas cosas: la piscina, la campana, la pavimentación del lago artificial, varios faroles alrededor del mismo que hacían tan encantador durante la noche el ambiente".

"Se acabaron también muchas flores, árboles frutales, plantas raras. Las mismas mariposas que dicen que adornaban el sitio del gran Parque Lenin en La Habana fueron sacadas de aquí. Un día llegaron varios camiones que se fueron cargados de zarzas de aquellas flores con sus terrones y raíces. Gracias a Dios, sin embargo, no es difícil encontrar esta flor aquí, por encontrar ella en nuestro valle un clima favorable a su prosperar". En cuanto a las plantas raras, una sola quedó y es un palo que no florece en las ramas sino en el tronco, echando las flores más curiosas y más raras del mundo..."

Quien sube hoy a Rancho Mundito y después a Sabanilla pueden encontrar de vez en cuando unas arreas de mulos pequeños y delgaditos carasdos de sacos de malanga. Son los cuadrúpedos más aptos para subir y bajar los pedrogosos y abruptos senderos llevando a cuesta el producto de los campos, trepados por las pendientes de la montaña. Los domingos es frecuente encontrar a unos jinetes montando elegantes caballos con cierta altivez que recuerda la de los antiguos mambises.

De Sabanilla hasta La Palma, hay 50 kilómetros de carretera que recorre uno de los paisajes naturalísticos más fascinantes y que evocan descripciones del Grande Almirante en su empate con una naturaliza todavía incorrupta de esta isla. Lástima esta carretera presenta hoy largos tramos que dificultan y casi prohiben el tránsito a automóviles normales.

jueves, 25 de marzo de 2010

San Diego de los Baños

Del libro "San Diego de los Baños, Fragmentos de su Historia"

P. Joaquín Gaiga
 Por el P. Joaquìn Gaiga
Párroco de Los Palacios y Administrador
Parroquial de San Diego de los Baños,
desde el año 1997.

En el año 1976, al hacerse otra divisiòn polìtico-administrativa, San Diego de los Baños, perdiò el tìtulo de municipio y fue ascrito al T.M., de Los Palacios. En ese status permanece actualmente. Anteriormente pertenecìa al T.M., de Consolaciòn del Sur.


Presentación por Mons. José Siro González Bacallao, Obispo de Pinar del Río.


Desde aquellos lejanos días del año 1632, en que D. Mateo Pedroso mercedó un sitio a D. Diego de Zayas y desde entonces se llamó Corral de San Diego, hasta nuestros días, en que un bellísimo lugar, que comienza a existir como caserío en el año 1843, muchos han sido los historiadores, científicos, poetas y hombres de la letra que han escrito sobre San Diego de los Baños.

El Lcdo., Joaquín José Navarro publicó un extenso y prolijo estudio sobre sus famosos manantiales que fue premiado con medlala de oro por la Sociedad Económica de Amigos del País.

Posteriormente el químico Mialhe hablaría de sus aguas con gran interés científico. Asimismo el célebre químico de Jibacoa, José Estévez, que fue el primero que ya en el año 1822 trató de las propiedades medicinales de las aguas de San Diego y parece que por encargo del Conde de Peñalver, se hizo en ese entonces el primer análisis de sus medicinales aguas.

El historiador José Dollero en su célebre obra "Cultura Cubana", habla extensamente de la geografía y de la historia social, cultural y religiosa de San Diedo de Los Baños, cuya fama correría por el mundo.

Cirilo Villaverde en su "Excursión a Vuelta Abajo", pinta con rasgos inigualables la ubicación de la entonces probre ranchería que era conocida en el mundo por sus célebres baños. El célebre pintor Moreau hizo de las escenas que vio en San Diego una de sus mejores vistas de Vuelta Abajo, dice el mismo Villaverde.

Tranquilino Sandalio de Noda también visitó San Diego y contribuyó muchísimo a que fuera ventajosamente conocido, ya por las bellas descripciones que hizo de sus espléndidos alrededores, ya por los planes que levantó para cambiar en un pueblecito más bonito el grupo miserable de casas que antes existía. Mons. José Siro González Bacallao., Obispo de Pinar del Río.

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Quien viaja de La Habana a Pinar del Río, a la altura del kilómetro 101 de la autopista que une la capital con la provincia más occidental de Cuba, encuentra uno de los pocos carteles publicitarios que, junto a un dibujo esquemático de manantiales, chorros y cascadas de agua, lleva escrito: "San Diego de Los Baños, permanente invitación a la vida".

Los que tienen tiempo, ganas, o necesidad de visitar este pueblo, pueden doblar poco antes y, dejando a la izquierda un campo de cultivos varios y a la derecha de plátanos, llegan antes al poblado de Paso Quemado, hecho en parte de casitas semiescondidas en el verde de los árboles frutales u ornamentales,y en parte de edificios bastante bien distribuidos y atravesados por caminos rectos y anchos, casi todos pavimentados. Al mismo poblado de Paso Quemado es posible llegar prosiguiendo más adelante en la autopista y doblando nuevamente a la derecha, poco antes del puente.

Dejando Paso Quemado, se sigue hacia el norte algunos kilómetros hasta llegar a Entronque de San Diego, donde se cruza la Carretera Central, doble vía que atraviesa Cuba de Oriente a Occidente. Durante este tramo, mientras que el viajero goza el horizonte de la visión de la Sierra que al acercarse ofrece, el espectáculo de su perfil, tanto más bien definido cuanto más despejado es el cielo azul o más cercana la hora de la puesta del sol, al lado lo acompañan: espaciosos potreros o cultivos de mango y de coco, manchas de marabú y, según las temporadas, cultivos de tabaco, de tomate, de yuca, boniato, maíz, etc.

Cruzada la Carretera Central, y dejando atrás el poblado de Entronque, mucho más pequeño que el precedente, el camino hacia San Diego sigue entre ligeros ascensos y descensos, bordeando pequeñas lomas, siempre le acompaña la visión del lindo y placentero paisaje tropical y el continuo encuentro con la gente que camina hacia sus negocios, sus lugares de trabajo o que espera un medio de transorte, de pie a la orilla de la carretera.


Una verdadera visión panorámica de ensueño se presenta a los ojos admirados, al empezar un descenso bastante rápido poco después del otro caserío llamado "Loma de Candela". Parece un abanico abierto que por todos lados ofrece los espectáculos naturales más variados, más bucólicos y más encantadores. Pocos kilómetros adelante se encuentra otro vivaz caserío llamado La Vigía, dejada la cual, falta poco para cruzar el río San Diego que anuncia la periferia del pueblo situado en la margen derecha del río, el cual abrió un corredor de algunos kilómetros de ancho que separa la Sierra del Rosario de la Sierra de los Órganos.

La posición geográfica favorece a San Diego de un microclima favorable. Hay muchos otros motivos que hacen interesante este pueblo y que, en el pasado, empujaron a muchos a visitarlo o concederse en el mismo una más o menos prolongada estancia. No pocos, después, escribieron acerca de San Diego, celebraron el encanto de sus alreadedores y las virtudes saludables de las aguas de su río.

Algunos de los principales acontecimientos de la historia del pueblo.

Cómo en muchos pueblos, en San Diego de los Baños historia y leyenda se mezclan y entrelazan, sobre todo, en relación con los famosos baños a los cuales está vinculada la notoriedad internacional de este pueblo de Cuba que todavía no alcanza los 3,000 habitantes.

San Diego se encuentra aproximadamente en la zona central de la provincia de Pinar del Río, que antes de la conquista española fue habitada por los indios siboneyes que constituyeron en esta cola de la isla los tres cacicazgos de Marien, Guanahacabibes y Guaniguanico, procedendo de la punta más occidental hacia el oriente de esta provincia.

De estos indios, el propio Diego Velázquez en su carta del año 1514 al teniente Gobernador de la Isla Fernandina, (cómo se llamó en un primer tiempo Cuba) escribía: "No tienen casa, ni asientos, ni pueblo, ni labranza, ni comen otra cosa sino, las carnes que toman por los montes,y torgugas y pescado., etc. Lo que es cierto y está bien documentado, obtenido de varias fuentes acreditadas, podemos resumirlo asï:


Año 1862: Esta fecha marca el inicio del poblado. La Habana, el 31 de Marzo de este año, concedía a Don Diego de Zayas y Soto un sitio próximo al charco de las Doce Palmas y mogote de La Güira. Hay otra versión histórica que afirma que en el propio año 1632 Don Mateo Pedroso mercedó un sitio de su posesiones a Don Diego de Zayas, denominándose el mismo "Corral de San Diego". Quizás el nuevo dueño de este territorio quiso dedicarlo y ponerlo bajo la protección del santo del cual lleva el nombre. Postal de San Diego, enviada en el año 1918.

Año 1700: Ya desde el inicio del Siglo XVIII hay noticia de que accedían el poblado los primeros enfermos con el fin de darse los baños en las aguas curativas del río Caiguanabo, llamado después comunmente San Diego. En dichos años, según la leyenda, había encontrado su sanación el esclavo Taita Domingo que terminaba el testimonio de su asombrosa recuperación de la salud exclamando: "Ha sido un milagro de nuestro Padre San Diego. Cuentan que cuando el Taita regresó a casa de su amo, de donde había sido echado por una terrible enfermedad de la piel, dijo que se había curado bañándose "en un agua que pela gallina" y de ahí viene el nombre del manantial de aguas sulforosas más caliente del pueblo.



Año 1856: Según consta en los archivos, fue colocada la primera piedra de la actual Iglesia, que se denominó Parroquia de Entrada el día 1 de Febrero del año 1858. Iglesia de San Diego y el Parque Juan de la Puente, en la década de los años 1920's.



Año 1859: Se daba inicio a la construcción del primer Balneario que se concluyó en el mes de Marzo del año 1861. Terminaban así las condiciones indecentes en que la gente tenía que tomar los baños antes, descritas por el doctor Antomarchi en el año 1833 y por Cirilo Villaverde en el año 1839.









Hasta el año 1948, en la sala de baños, en el interior del balneario, sólo un paraván dividía a los hombres de las mujeres.




Año 1902: San Diego cesaba de ser ayuntamiento. Se dispuso su anexíon a Consolación del Sur.

También con respecto al origen del nombre del pueblo, historia y leyenda se entrelazan. Cuenta la leyenda que se pierde en la noche de las tradiciones, que un vecino del lugar, llamado Diego de Alcalá, tenía una finca conocida por Charco de las Doce Leguas. Con motivo de un fuerte ciclón que azotó la comarca, el buen hombre vio su casa cerca del río, amenazada por las formidables aguas que crecían incesantemente.

Como era buen creyente y fiel cumplidor de la Ley Divina, invocó y pidió con sencilla fe a su Santo Patrono Diego, que le librara de aguel peligro prometiendo regalarle una imagen de su santo a la capilla del lugar conocido por El Álamo.

Una vez pasado el peligro y concedido el favor, cumplió su promesa llevando una imagen de San Diego de Alcalá a la ermita de aquel lugar que, desde entonces tomó el nombre del Santo y le veneró como a su Patrón y protector."San Diego de Alcalá nació en el año 1400 en la aldea de San Nicolás del Puerto, en Sevilla, España

jueves, 18 de marzo de 2010


Sobrenombres Palaceños

Deseamos hacer constar que al decidir enumerar los distintos sobrenombres que recordamos existían en nuestro querido pueblo de Los Palacios, nuestra intención es tan sólo basada en el hecho de considerar que ello forma parte muy única de la historia de nuestro querido pueblo y rogamos, que en ningún momento se tome como carácter de burla o menos precio de condiciones personales o en forma negativa.

Teniente de la Cachimba (Teniente de la Guardia Rural, Fernández.)
“El Cuso Viñas” (Pedro Viñas)
“El Millonario” (Arsenio García)
“Cañiñe” (Ricardo Nardo)
“Sardina” (Limpiabotas)
“Tranco” (Limpiabotas, hermano de Sardina)
“Bolón”, (Osmín Callado)
“El Niño Rubiera”, (Wilfredo Pérez)
“Nicanor”, (Leonel Alvarez)
“Cuco Facundo” (Apellido Vázquez)


“Chaveta”, (Félix Puig)
“Piche el Barbero”
“Chocolate” (Apellido Reyes)
“Rumbero” el Limpiabotas. (Hijo de Cristóbal Solano (Popa)
“Cando” el Pintor” (Hijo de Cristóbal Solano (Popa)
“Popa”, (Cristóbal Solano)
“Manuel El Chiquito”. ( Manuel Fernández)
“Hierro Viejo”, (Arcadio Torres)
“Hierrito”, (Augusto Torres) (Hijo de Arcadio Torres)
“Mayonga”, (Mario Andarsio)

“Berto Andino”, (Roberto Andarsio) (Hermano de Mayonga)
“Pucho”, (Pablo Cabrera)
“Pablo el Zurdo”, (Pablo Cabrera)
“Fosforito” (Apellido Capote)
“Tite el Carnicero”, (Reinaldo Diaz)
“El Chino Ronco”
“Cachaza”, (Pastor Cruz)
“Lencho”, (José Cipriano Pedroso)
“Pao”, (Tomás Cabrera)
“Tilo”, (Lucilo Diaz)

“Polo el Panadero”, (Hipólito Ramírez)
“Pancho Bolo”, (Francisco Sotelo Solano)
“Piche”, (Francisco Salgado)
“Tito el Músico”
“Yiyo el Músico”, (Marcelino Iglesias)
“Fito”, (Serafín Quiñones)
“Boniato”, (Julián Pérez Chamizo)
“La Mocha”, (Epifania Alonso)
“Pandonga” (Apellido Pedroso) (Hermana de Lencho y de Esparraguera)
“El Tio Hano”.

“Rico Hevia”, (Enrique Hevia)
“Piringue”, (Apellido Hernández)
“El Chino Mulato”
“Mula Ciega”, (José Fernández)
“Los Pateros”, (Hermanos Prier)
“Pancho Calabaza”, (Francisco Puentes)
“Catumbe”, (Humberto Morejón)
“Fingue”, (Hermano de Roberto Fernández Tápanes)
“El Niño de la Junta Electoral”, (Angel Gil)
“El Americano”, (Oliver Norton)

“El Toro”, (Rolando Abay)
“Cucú”, (Heriberto Abay) (Hermano de Rolando Abay)
“El Pío”, (Ramón Pérez)
“Chuco”, (Joaquín Calderón)
“El Morito”, (Adalberto Pérez)
“Tato”, (Ricardo Betancourt)
“Farruco”, (Apellido Morejón)
“Los Totoyos”, (Hermanos de Tito Garcia)
“Fallo”, (Rafael Fúster)
“El Colorao”, (Ramón Robaina)

“Cuqui”, (Cuqui Ruenes)
“Aceitunas”, (Joaquín Calderón)
“Pilingo”, (Bárbaro Luis Jacinto Puentes)
“Viyuyo”, (Jorge Fernández)
“Chiquitico”, (Apellido Páez)
“Chino Hidalgo”, (Manuel Giraldo Hidalgo)
“El Francés”, (Leovigildo Francés)
“Gallo Fino”
“Chacha”, (Apellido Viñas)
“Chachá”, (Luis Bernal)

“Chaparra”
“Nana”, (Ofelia González)
“Vivo”, (Apellido Callado)
“Nena La Barajera”
“Moñiñe”, (Gilberto Callado)
“Pendo”, (Cocinero)
“Lalo”, (Radamés Callado)
“Bambo”, (Juan Alvarez) (Hermano de Radamés Callado)
“Periquín”, (Pedro Solano)
“Pancho Tío”

“Michu”, (Apellido Cruz)
“Jabalí”
“Gringo el Panadero”
“Tingo”, (Apellido Márquez)
“Tata”, (El Güagüero)
“Tarzán”
“Pitongo”, (Agapito Martínez)
“Chucha”, (Apelllido Martínez) (Hermano de Agapito Martínez)
“Anguito”
“Mamarro”, (Apellido Prier)

“Tostao”, (Apellido Palacios)
“Fico”, (Apellido Calderón)
“Tenedor”, (Gilberto Betancourt)
“Neno”, (Apellido Rojas)
“Kimpo”, (Guillermo Verde)
“Pancha”, (Francisca Serrano)
“Tatín”, (Luís López)
“Nanao”, (José Antonio Díaz)
“El Piojo Blanco”, (Modesto Hano)
“Tángana”, (Emilio Hano) (Hermano de Modesto Hano)

“Chicho”, (Eulogio Crespo)
“Chuní”, (Jesús Pérez)
“Güay”, (Crescencio Hano) (Güay derivado de
a palabra americana “White”, color blanco)
“Esparraguera”, (Ramón Pedroso)
“Cañita”, (José Castillo)
“Papití”, (Apellido Zayas)
“El Mexicano”, (Manuel Campos)
“Macho”, (Murguía)
“Catalán”, (Bienvenido Cabrera, hijo de Julián Cabrera)
“Curro”, (Ramírez)
“Curri”, (hijo de Eladio Corchero)
“Currín”, (Luis Federico Domínguez)
“Hormiguita Cabezona”,
(Andrés Valdés Falero)


DÉCIMAS

"El desarrollo íntimo de cada nación reside en lo cultural". Elizabeth Liz Medina.

La autora de estas décimas, dedicadas a Santa Mónica, y al Río San Diego, fue alumna del Profesor Guillermo (Willy) Leal.


LO QUE ESTÁ EN MI CORAZÓN



Por Caridad García


Un camino vecinal
serpenteado de maniguas
que llega hasta Dayaniguas
saliendo de Paso Real.
Un paisaje natural
de espeza vegetación,
una amorosa canción
donde la voz del guajiro
derrama en verso y suspiro
las mieles de su pasión.


¡Santa Mónica la Bella!
tierra que me vio nacer,
me vio soñar y crecer
bajo el hado de mi estrella.
Mi pensamiento está en ella
profundamente enraizado
y, al evocar el pasado
me invade gran sentimiento
porque es mi dicha y contento
ese terruño adorado.


En el amplio veguerío
poblado de cocoteros
dejé mis sueños primeros
en el susurro de un río.
De allá salí en el estío
el año cincuenta y tres
y, aunque alguna que otra vez
a visitarlo volví
no pude encontrar allí,
la imagen de lo que fue.


Con mi pluma a ese lugar
voy saturada de amor
es mi deseo mayor
de sus gentes abrazar.
Juntos con ellos cantar
el himno de la esperanza
y en un cielo de bonanza
dejar para siempre escrito,
el recuerdo de "Carito"
donde el olvido no alcanza.


Ahora que mi gente vuela
hurgando en cada Rincón
aprovecho la ocasión
de llegar hasta mi escuela.
Por mis arterias se cuela
indescriptile ternura
la emoción más grata y pura
de un anhelo realizado
algo sublime y sagrado
que infinitamente dura.


He dejado en el final
a una persona querida
que le dio cauce a mi vida
con cariño paternal.
Hablo de Willy Leal
quien con voluntad sincera
luchó porque yo tuviera
un futuro digno y serio,
por eso en el magisterio
quiero plantar mi bandera.


Ya me despido de tí
¡Santa Mónica la Bella!
pido al hado de mi estrella,
que no te olvides de mí.
Pienso volver por aquí
a contemplar tus palmeras,
de tu río las riberas
y que me envuelva tu brisa,
para sentirte sin prisa
quererte y que tu me quieras.


HUELLAS


Viejo río, si supieras
cuánto calaste en mi infancia
con el susurro y fragancia
que respiré en tus riberas.
A tí confié mis primeras
ilusiones de chiquilla
y como una piedrecilla
llevada por la corriente
se fue mi vida inocente
abandonando tu orilla


Ya tu caudal se ha menguado
pero por tu cauce lento
navega mi sentimiento
de lealtad renovado.
Cuando el pesar me ha llegado
vuelvo el pensamiento en ti
Río San Diego, que allí
en tus queridas laderas
me sonríen las quimeras
que se apartaron de mí.






Las aguas tranquilas y desiertas del Río San Diego, constituyeron una importante vía de comunicación durante la colonia. (Fotografía tomada del libro San Diego de los Baños, Fragmentos de su Historia, por el P. Joaquín Gaiga)

sábado, 13 de marzo de 2010

Modas y Modos

Por Teresa Ramírez Alonso

Secretaria de la Comisión de
Cultura de la Fraternidad Palaceña

Toda publicación que sea para recordar nuestras costumbres no puede olvidar las modas; pues ésta, a través de cientos de años ha sido una página preferente para todos los gustos. Para no remontarnos demasiado lejos, hacemos un paréntesis en la década de los años 50' y vamos a rememorar a grosso modo qué hacíamos en este pequeño pueblecito de Los Palacios. ¿Estás a la moda?. ¿Qué no se podía?. ¿Por qué no?, si para ello circulaban las revistas: "Vanidades", Ellas", "Romances", etc., que nos ponían al tanto del buen vestir. ¿Qué esto era para personas ricas? ¡Qué va". En Los Palacios existían academias de corte y costura. Para enseñar a señoritas selectas, ahí estaba María "La Montañesa", que con el sistema de "Maria Teresa Bello", enseñaba hasta hacer sastrería a sus alumnas. Para otro grupo poblacional se encontraba Rosa María Castillo con el sistema "Roche", ambas señoras (ya fallecidas) enseñaban hasta bordar. También las habían que cosían de afición; las que cortaban por otra pieza de ropa, las que no poseían máquina de coser y lo hacían a mano.

Para adquirir las telas de última moda, podías acudir a las antiguas tiendas "El Paraíso", "La Casa Pepe", "La Ópera", "El Encanto", "La Retacera de Delio", entre otras. Qué no tenías el dinero y había que comprar a plazos, para eso no existían problemas. Cada sábado "Pepe el Moro" y con sólo 20 centavos de entrada lo mismo te daba un corte de tela de seda fría o de sombra de palma y que decir de "Monguito Solapeña" y el "As de Oro"; para comprar había lo que usted deseara, de todos los precios y todas las formas de pago. Hablando de modas. ¿Quién no recuerda a "Chuchu" Izquierdo?, que lo mismo hacía un vestido que un traje de baile. Si lo querías rápido y además barato a Valeria Román se lo llevabas por la mañana y por la noche podías ir de estreno a la fiesta.

¿Estrenarse un vestido y a donde ir? Lo más cotidiano, un paseo por la Calle Antonio Maceo (actual Calle 23), con sus dos cunetas a los lados y uno que otro huequito, con agua "si llovía", pero las muchachas ¡bellas!, desde la Calle Warren (actual Calle 20) hasta la Calle Serafín García (actual Calle 28), ida y vuelta varias veces. Los galanes ahí para admirar las bellezas de su pueblo.

Una señorita bien vestida, seguro llevaba zapatos de tacones altos al estilo Luis XV, medias largas, un lazo en el pelo,un collar largo, unos aretes grandes y un pasador o una rosa en el pecho. En la primera mitad de la década de los 50', los vestidos fueron al caer del cuerpo, drapiados y rebuscados, a estos los desplazó "La Paradera", que se componìa de una o varias sayuelas almidonadas que hacian lucir a las muchachas con cinturitas de avispas y las más delgadas no tenían problemas con las caderas, pues le quedaban los defectos tapados con el almidón y la engañadora. Las más pechungoncitas se vestían a lo Sarita Montiel. Las señoras muy elegantes, si pasaban de los 30 años, no se vestían sin mangas y si el cuello era alto, mucho mejor. Usaban los vestidos de dos piezas y con colores sobrios, porque los estampados sólo eran para la juventud.

Par ir a misa; "los vestidos con mangas" y preferiblemente largos. Sin medias ¡jamás!, y la cabeza cubierta con velo o mantilla. Para ir al antiguo Club Hispano Cubano (CHC), "'¡Bueno", eso si era para exhibir el último grito de la moda".



El Baile de la Guayabera, ya lo dice la palabra, era el día 24 del mes de Febrero (no importaba si hacía frío), los hombres en guayabera y aunque fuera la única para todos los bailes. Las muchachas con trajes de hijo al estilo cubano, de cuadritos o de bolitas, predominando los colores de la bandera: el blanco, el azul y el rojo.

El Sábado de Gloria; baile de disfraz, fantasmas, odaliscas, gitanos, gallegos; en fin, una gama impresionante de trajes, ¡qué originalidad". Para las verbenas, tres vestidos diferentes, uno para cada noche y a bailar en el andén del ferrocarril. Comenzó Mayo y con él la primavera, para esa época el color blanco fue predominante. Tampoo podemos olvidar el tradicional 25 de Diciembre, ¡Navidad!, ¡qué importaba el día de la semana y trabajar el día 26! y qué decir del Baile del día 31 de Diciembre para esperar el nuevo año, que seguro en la mañana te tocaban a la puerta y te amenizaban con un felicidades. Para esos días tradicionales no faltaba el suéter tejido con dos agujas, las chaquetas de astracán o una piel de zorro, aunque fuera imitación, y las estolas hechas en casa de diferente tejidos.

Y por qué no decir también que los jóvenes, además de la guayabera, vestían de traje o con camisas de mangas largas, que jamás iban por fuera del pantalón. Una corbata no faltaba ni en el ropero más pobre.

Si por casualidad ya peinas canas y viviste esa época preciosa, cierra los ojos y te verás listo a partir desde la Calle Warren (actual Calle 20), hasta la Calle Serafín García, (actual Calle 28), acompañando o esperando a una palaceña. ¡Recordar es volver a vivir!.
Los Piropos en el Paseo de Los Palacios

Por Daniel Márquez Arencibia

Dicen que "recordar es volver a vivir". Lástima que, a pesar de los recuerdos, nosotros no somos los mismos, pues la vida es efímera. Esto lo comprendemos cuando llegamos a cierta edad. aunque ahora, con el pelo encanecido, y con el rostro y la frente surcados por las primeras arrugas, pero cargando en nuestro intelecto un cúmulo mayor de experiencias, por los años vividos, que si sabemos transmitírselos a los más jóvenes, seremos verdaderos maestros.



Allá por los primeros años de la década de los años sesenta, la llamada "pro-digiosa" en la música pop-rock, la juventud palaceña los sábados y domingos, esto era religioso, nos dábamos cita en la espaciosa calle principal de nuestro querido pueblo, Calle 23 (antes Calle Antonio Maceo). Avenida con reluciente y hermoso paseo en el centro y ambas orillas, con su exquisito alumbrado por farolas colocadas a 30 o 40 metros una de la otra, abriendo sus alas y en cada estremos de éstas un potente foco de neón para romper las penumbras de la noche convirtiéndola en claridad artificial.

Extendiéndose este paseo desde la Esquina de Bárcenas, con el agradable y placentero bullicio musical de las victrolas existentes, hasta un poco más allá de la Iglesia Católica y la antigua bodega de Asunción Hernández. Fotografías de Luis J. Puentes (Pilingo), Angel González y ARCHIVO (OGEPE).

Los jóvenes se reunían en pequeños corrillos de acuerdo a su afinidad, desde frente a la antigua Farmacia Lamelas, pasando por frente a la antigua Casa Pepe, el antiguo Almacén, la antigua ferretería La Revoltosa, la antigua tienda El Paraíso y hasta la antigua tienda El NuevEncanto. En los portales de estos comercios, charlábamos y jaranéabamos mientras esperábamos ver pasar a la muchacha que nos hacia suspirar por su atractiva figura hermosa y bien formada.



Las jóvenes se dedicaban a pasear en pequeños grupos de dos o tres muchachas que iban desde el frente del antiguo cine Liceo, cuyo propietario era en ese entones el distinguido fígaro Ciriaco Ramírez, hasta donde se encontraba la antigua relojería Tatín o un poquito más allá. Llegaban hasta ahí y volvían a virar en ese ir y venir, siempre por la senda norte de la avenida. Al pasar las doncellas los muchachos se separaban de su grupo para acercarse a la elegida, como el torero que se acerca al toro para darle un vistoso pase. Así, el joven palaceño de aquella época dejaba salir de sus nerviosos labios un ensayado y elegante piropo:

***"Niña, -decía él- en tu casa no gastan luz eléctrica, ¿verdad?"

***¿Por qué, pregunta ella. A lo que el joven responde, -"porque tus ojos alumbran".

U OTRO COMO...

***Bienaventurada sea tu mamacita. ¿Por qué? -pregunta ella-. A lo que el mancebo responde:"Porque en su vientre se engendró tamaña hermosura".

TAMBIÉN ESTE OTRO...

***Reina: ¿Desea usted un paje que la acompañe?

Si la muchacha le decía que si, al joven no le quedaba otra alternativa que incorporarse al grupo de las féminas y acompañarlas en su ir y venir. Cómo es lógico este piropo, sólo lo utilizaban aquellos que eran muy conversadores, que sabían como mantener una animada charla con las jóvenes y así parecer más agradable a la pretendida. Ella, después de oído el piropo, seguía del brazo de sus amigas, sonriendo maliciosamente como sólo la mujer sabe hacerlo, porque es un don que Dios le dio para cautivar el alma y el corazón de los hombres.

Muchos de estos jóvenes, para prepararse y poder enfrentar a la muchacha amada, iban a la librería y otro establecimiento a comprar unos pequeños folletos, donde venían impresos diferentes tipos de piropos ¡Para escoger!. ¿Su muchacha era rubia, alta o bajita, trigueña o delgada?. No importaba. Ahí venían piropos para cualquier tipo de mujer. Sólo había que aprenderlos, prepararse y esperar a que llegara el fin de semana, salir para el pueblo y cuando la bella muchacha pasara a tu lado y luchando contra el nerviosismo...zas, allá va eso. Siempre con mucho respeto, como corresponde a un verdadero caballero, y es que en esa época los jóvenes lo eran, imitaban así a sus padres, hermanos mayores, tíos. ¡La sociedad así lo exigía!.

Ya estaba dado el primer paso, ahora faltaba el segundo. ¡La declaración amorosa!. Tremendo probleme decirle que te gusta, que la amas, que estás perdidamente enamorado de ella. ¡Ah! Para eso servía también el mismo folletico de piropos que habías comprado, porque éste, además traía escrito cartas amorosas de distintos tipos: para declararle nuestro amor a una jujer, para citarla a algún lugar, para felicitarla en el día de su cumpleaños, en fin para toda ocasión, incluso hasta para romper una relación amorosa de la forma más elegante posible. Para muchos estos pequeños libros eran "cursis", pero ¡como resolvieron en su momento a aquellas personas que tenían bajo nivel cultural o poco desarrollo de la expresión oral!. ¡Cómo resolvieron!. Muchos se aprendieron de memoria estas cartas y así hicieron su declaración amorosa y conquistaron a su prenda adorada, a la muchacha de sus sueños, en fin a la mujer que se convertiría en la compañera de su vida.

Hoy, lamentablmente, con cuanto dolor vemos que se ha ido perdiendo esa sana costumbre. Ya los muchachos y muchachas apenas salen a pasear por la calle principal de mi pueblo y lo que es peor; ese piropo lindo, caballeroso, ingenioso y galante ha sido sustituido por términos y palabras groseras, soeces y de mal gusto que no se corresponden en modo alguno con el nivel cultural que ellos poseen. ¡Cuánto podemos aprender del pasado, teniendo en cuenta las potencialidades del presente!. Potencialidad que es inherente al desarrollo cultural de la humanidad.

viernes, 12 de marzo de 2010

SAN DIEGO DE LOS BAÑOS
(Toponímia) =Odónimos=

El pueblo de San Diego de Los Baños, que pertenecía al T.M., de Consolación del Sur, fué agregado al T.M., de Los Palacios, después del año 1959.

Para hacer un estudio de las calles de San Diego de los Baños se consultaron algunos libros del Registro de Propiedad y Vivienda. Se utilizó como monografía histórica trabajos escritos de San Diego por el Dr. Viñals, que durante muchos años ejerció como médico del balneario. Se cotejaron planos elaborados por Tranquilino Sandalio de Noda en el año 1920, por el agrimensor y Subteniente de Caballería Cristóbal de Gallegos en el año 1844 y el de Mariano Carlos en el año 1849. En estos planos se puede observar que este pueblo fue proyectado urbanísticamente, como otras poblaciones de la Isla, y con el transcurso del tiempo recibió transformaciones.




La calle principal medía 16 varas y las restantes doce varas. En el año 1839 Cirilo Villaverde en su libro “Excursión a Vuelta Abajo”, hace una descripción del pueblo en la que expone: - “que no pasaba de ser una ranchería” -, y hace mención a una calle principal o calzada denominada del Monte, que consideramos que sea la Calle Real o actual Calle 29.



Don Diego de Zayas era el dueño del corral de Caiguanabo, que era como se llamaba también el río. Al descubrirse los baños y sus efectos medicinales le empiezan a llamar a este poblado “Baños de San Diego”. Después de la fundación en el año 1844, cuando Martín Pedroso da la autorización para la urbanización del pueblo y es trazado por el Subteniente de Caballería Don Cristóbal Gallegos, adopta el nombre de San Diego de los Baños.



Los primeros nombres para identificar sus calles, que aparecieron en los inicios de su fundación, denotan: buenas relaciones entre las personas, paz, tranquilidad, estado de ánimos y bienestar. Estos odónimos de sus calles son motivados a que el pueblo desde sus inicios era un lugar de descanso, de recuperación y reposo para las personas enfermas, asi como presentaban nombres como Reposo, Agrado, Filantropía, Retiro, Tranquilidad y otros. En la República se le pusieron a las calles nombres de patriotas, pero perduraron los primeros. Con el triunfo de la revolución los odónimos de San Diego de los Baños fueron sustituidos por nombres de mártires de la concluída lucha revolucionaria, los que no lograron desplazar a los anteriores. En el año 1962 la Juceplan Municipal reemplaza los nombres de las calles de San Diego por números cardinales, los que reciben una rápida identificación de los pobladores con este moderno y práctico sistema.

Por todo lo anterior expuesto podemos confirmar que, como en Los Palacios, en San Diego de los Baños los nombres de las calles empleados, antes del año 1962, tienen relación con la vida y las actividades de las personas. En San Diego el factor que más influyó fue la de los bañistas que acuden a sus baños sulfurosos en alivio y cura de sus males y el ambiente de tranquilidad que siempre ha caracterizado a este núcleo poblacional.

En este poblado las calles de números cardinales se extienden desde la 19 hasta la 37, aunque, curiosamente, al designar estos números omitieron el 27.

Calle 19: Sus odónimos más antiguos fueron Reposo y Retiro.

Calle 21: Su primer nombre fue Filantropía. En la República se le cambió el nombre por Carlos Manuel de Céspedes, en honor al Padre de la Patria y en la revolución recibió la designación de Marina Azcuy, en recuerdo a la patriota pinareña.

Calle 21-A: No tuvo otra designación anterior, surgió después del trazado original y está situada en la Reparto José Martí o Cantarranas.

Calle 23: Su primitivo odónimo fue Agrado. En la República se le sustituyó el nombre por Antonio Maceo y en la Revolución por Camilo Cienfuegos.

Calle 25: Desde épocas de la colonia se le denominaba Iglesia, por encontrarse entre la Plaza Isabel II y la Iglesia Católica. En la República no sufrió cambio de nombre. En la Revolución adoptó el nombre de Julio Díaz, mártir de la revolución.

Calle 29: El primer odónimo que la señalaba fue Calle Real o Calle San Diego y llevaba este nombre por considerarse, como en otros pueblos, la calle principal de la población, donde se encontraban los establecimientos y edificios públicos más importantes. En la República llevó el nombre de José Manuel Cortina, dueño de la Hacienda Cortina. En la Revolución adquirió el nombre de 1ro. de Mayo en recordación al Día Internacional de los Trabajadores.

Calle 31: Su primera designación fue Velic, no se pudo determinar su origen. Se considera que pertenezca al apellido de alguna persona de la población que vivió en el lugar. Con la República se llamó Independencia, nombre que mantuvo después del Triunfo de la Revolución.

Calle 33: Su nombre inicial fue Amistad. Con la República fue denominda Máximo Gómez en honor al Generalísimo y con la Revolución José Antonio Echevarría en recuerdo al destacado luchador revolucionario, presidente de la FEU y que murió en el Asalto al Palacio Presidencial el 13 de Marzo del año 1957.

Calle 35: Se le conoció en sus orígenes como Delicias. En la República pasó a llamarse Narciso López, general venezolano que luchó y murió por la Independencia de Cuba e izó por primera vez el pabellón nacional en Cárdenas en el año 1850. Con la Revolución se siguió llamando Delicias.

Las calles de San Diego se designan con números pares desde la 22 hasta la 42, incluyendo algunas que se designan por letras. Se desconoce porque se comienzan a numerar en la 22.

Calle 22: Su nombre antiguo fue Calle D y pertenece a una serie de calles que fueron señaladas por letras, desde la A hasta la D. Con la revolución se le señala el odónimo de Frank País, en recordación al mártir revolucionario.

Calle 24: Su primera designación fue Calle C. Despúes del triunfo revolucionario se le cambió el nombre por Dr. Isidro de Armas, en tributo a este mártir revolucionario que murió el 17 de Agosto del año 1958 en el Seboruco en combate con las fuerzas del ejército. Estaba alzado en armas y combatía dentro de las filas del Frente Guerrillero en la Cordillera de los Órganos.

Calle 26: Se llamó Calle B. Con la Revolución comenzó a llamarse Capitán Tomás, mártir de la revolución. Esta vía cuenta con dos sub-calles que son la 26-A y la 26-B.

Calle 28: Su nombre anterior fue Calle A. En la Revolución recibe el nombre de Marcelo Avila, natural de Arroyo Colorado y residía en el Seboruco. Se desconoce la causa de su muerte y se sospecha que lo haya asesinado el ejército en los días de la Revolución. Un día salió de su casa y no regresó nunca.

Calle 32: Se le conocía como Tranquilidad. En la República se le impuso como nombre Espíritu Santo. Con los cambios revlucionarios nuevamente se llamó Tranquilidad. Popularmente se le conoce como Calle del Stadium, por encontrarse el campo deportivo en esa calle.

Calle 30: Primeramente se le conoció como Recuerdo y este nombre lo mantuvo en la República. La Revolución le cambió el nombre por Luis Carmona.

Calle 34: Su odónimo inicial fue Simpatía. En la República se le cambió el nombre por el de Martín Pedroso, en recordación a este señor que fue el dueño del Hato San Pedro de las Galeras y en el año 1841 pide autorización el Capitán General de la Isla de Cuba para la urbanización del pueblo, concedido el permiso en el año 1844, imparte órdenes para el trabajo urbanístico del poblado. Con la revolución adquiere el nombre de Mártires de Girón.

Calle 36: Se le señalaba como Calle Concordia. La República la bautizó con el nombre de José Martí, en honor al Héroe Nacional. La Revolución le sustituye el nombre por el de Jesús Suárez Soca, mártir de la revolución.

Calle 38: En la Cuba Española se llamó Recreo. Los cambios en la República le sustituyeron el nombre por el de José M. Cabarrouy, hijo de Santiago Cabarrouy, quien en 1842 fundó el Hotel Cabarrouy y fue director del balneario. El proceso revolucionario le sustituye el nombre por el de Jesús Menéndez, en recordación al líder azucarero.

Call 40: Se conocía en épocas de la colonia con el nombre de Sinceridad. Durante la República mantuvo este nombre y los cambios revolucionarios la designan Calle Ceferino Fernández Viñas, mártir de la revolución. Popularmente se le conoce como Calle de la Secundaria, por encontrarse este plantel educacional en la referida calle.

Calle 42: En la Cuba Española se le conocía como Neptuno. (Dios de las Aguas, hijo de Saturno y hermano de Júpiter y Platón). Se supone que esta calle lleve este nombre por estar paralela y cercana al río. Este nombre se mantuvo en la República y la Revolución lo cambia por el de Miguel Cabañas Penejos, mártir revolucionario que vino en la expedición del Granma. Popularmente se le conoce como Calle de la Escogida, por encontrarse este centro elaborador de tabaco en la misma.