jueves, 28 de enero de 2010

La Educación en el Municipio de Los Palacios
(PRIMERA PARTE)

"La cultura es el camino que hace nobles a los pueblos". Luke Skywalker.


Por Daniel Márquez Arencibia y
Jesús Marcos García Vázquez.

El municipio pinareño de Los Palacios fue fundado en el año 1760, al este del Río Macurijes que hoy recibe el mismo nombre del pueblo. Su extensión, en aquel momento, fue de dos caballerías de tierra donadas por el Convento de Santa Catalina de Sena para construir la iglesia católica del recién fundado asentamiento poblacional. De los primeros años de su fundación no hay datos fidedignos de la educación, sólo aparecen las primeras cifras oficiales a partir del año 1781, según fuente del historiador Adalberto Dollero en su libro “La Educación en Pinar del Río en Tiempos de la Colonia”, página 381, que dice: “los habitantes de todo el Partido de Los Palacios, (no se incluye a Paso Real de San Diego, ni San Diego de los Baños), con una escuelita particular con seis alumnos”. Y sigue diciendo: “en el año 1879 el número de escuelas públicas era el siguiente: 2 escuelas para varones y 1 de hembras, su maestra lo fue Aurora Ibañez. En San Diego de los Baños, 2 escuelas mixtas. Paso Real de San Diego, 2 escuelas para niños blancos y 2 escuelas para niños negros”.


En ese mismo libro aparece la estadística de la Instrucción Pública en el año 1881:

Los Palacios. Habitantes: 6,431. Esc. Públicas = Varones: 1, Hembras 1. Mixtas: 0. Esc. Privadas: Varones 4. Hembras 1.
Paso Real de San Diego. Habitantes: 4,901. Esc. Públicas = Varones 1, Hembras 1. Mixtas o. Esc. Privadas = Varones 1, Hembras 0.
San Diego de los Baños. Habitantes: 6,631. Esc. Públicas = Varones 2, Hembras 1. Mixtas 0. Esc. Privadas = Varones 0, Hembras 0.

Al comienzo de la República (Año 1902) la instrucción pública en Los Palacios era verdaderamente pobre, propio de aquella época. Solamente existían cuatro educadores Luis R. Orcelana, Daniel S. Ruvalcaba, Aurea de Paz y Nieves Piñera. Considerándose estos los últimos maestros en suelo palaceño de la época colonial y los primeros de la República.

En el año 1911 se creó la Asociación de Maestros de Instrucción Pública, con una sede en la ciudad de Pinar del Río. En ese centro educacional para el magisterio se colegiaron entre otros, dos grandes educadores palaceños: Josefa Bustillo Calderón y Antonio Valdés Valdés, masón en cuerpo y alma y hoy patronímico de una logia de la Orden Caballeros de la Luz del municipio de Los Palacios.
En el año 1914, en nuestro municipio palaceño, en el casco urbano habían dos escuelas; una escuela de hembras y otra de varones. Entre ambas tenían una matrícula que oscilaba entre 76 a 80 alumnos. En todo el municipio existían un total de 12 escuelas primarias. En esta época descollaron maestros de exquisita cultura y educación popular, entre ellos:
Josefa Bustillo Calderón, Antonio Valdés Valdés, Amparo Martínez, Antonia (Tonita) Capote, Fortuna Medel, Ambrosio Sotolongo, Antonio (Ñico) Castro, Eulalia Morales, Rosalía Martínez, y María Martínez.

En el curso escolar de 1920 al 1921 existieron en nuestro municipio por enseñanza las
siguientes aulas:
*Enseñanza común 19 aulas
*Kindergarten (pre-escolar) 1 aula
*Ambulantes 1 aula

Total 21 aulas

En el año 1923 se creó una escuela multigrado donde se impartía de 1ro. a 6to. grado y una Academia de Inglés. De estas escuelas no tenemos referencia de su ubicación.

El VH:. Osvaldo Gotera, en su libro “Recordando a Los Palacios”, Tomo II, Artículo titulado “Algo Sobre la Educación”, plantea: “en la década de los años treinta, se fundó la Academia de Josefina Camacho, ubicada, primeramente, en la Calle Antonio Maceo (actual Calle 23). Después se trasladó para el local propiedad del Hno:. Higinio Alvarez, también en la misma calle. Ejercían como profesoras Josefina y su hermana Romelia. En ocasiones Josefina Alvarez”.
En el año 1936, en tiempos del presidente Federico Laredo Bru, se incorporaron a ejercer la función de maestros en los campos de Cuba, para suplir el déficit de maestros rurales, sargentos del cuerpo de la Guardia Rural. Aquellos se hicieron llamar Maestros Cívicos Rurales y la población de los campos palaceños recibió clases de estos uniformados. Entre estos maestros podemos citar al Doctor Guillermo “Willy” Leal, excelente educador, que trabajó como maestro en Paso Real de San Diego y llegó a ocupar el cargo de Inspector Escolar. (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).

En los años finales de la década de 1930's se inauguró la Academia Maldonado, que fue ubicada según el libro “Recordando a Los Palacios”, en la Calle Warren, esquina a Antonio Maceo (actual Calle 20 esquina a Calle 23) en un edificio propiedad de la familia Barreiro.

En la década del año 1940 la educación en nuestro municipio era la siguiente:
* En la Calle Serafín García, casi esquina a Ramón Cruz (actual Calle 28, y Calle 19) existió un local con tres aulas que se llamó Academia Inclán, propiedad de las profesoras Isabel (Chavela) Inclán y su hermana Beba. Aquí se daban, además clases de mecanografía, taquigrafía e inglés.
* Por corto tiempo funcionó la Academia Vento, que estuvo situada en la Calle Antonio Maceo, entre Serafín García y José Palacios (actual Calle 23, entre las Calles 28 y 30).
* Existieron, además, dos academias: la Academia José Martí, conocida como la academia de la Sra. Mercedes, dirigida por la profesora Mercedes Pérez, esposa del Dr. Nicolás Morales Suteras, auxiliada por Celita, Luisa y la profesora Nena Valdés, que también fue maestra pública, en la escuela situada en la Calle José Martí (actual Calle 21) entre las Calles Piñera (actual Calle 26) y Calle Serafín García (actual Calle 28). La profesora Mercedes Pérez, era también maestra de trabajos manuales en el Centro Escolar. Y la Academia de Dolores (Loló) Huergo, en la Calle Warren, (actual Calle 20). (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).

* A principios de los años cincuenta se funda la Academia José de la Luz y Caballero, conocida por la Academia de las Guerras, pues ésta era propiedad y dirigida a la vez por las profesoras hermanas Hilda María y María del Pino Guerra Pérez, situada en la Calle Ramón Cruz, (actual Calle 19), casi esquina a la Calle Warren, (actual Calle 20). Aquí se daban clases hasta el 8vo. grado. (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).

* En la Calle José Palacios, entre la Calle Antonio Maceo y la Calle Luis A. Fernández, (actual Calle 30, entre las Calles 23 y 25) existía un local con dos aulas (una de hembras y otra de varones) Esa fue la Escuela Pública Armando Valverde, tenía como educadores a las profesoras Sara Valverde y Eloína Prieto Venereo. En esa escuela se daban clases de primero y segundo grado.

* En la Calle José Martí, entre las calles Piñera y Serafín García, (actual Calle 21, entre las Calles 26 y 28), existió una escuela con una sola aula que era propiedad de la familia Calderón y
fungía como maestro Luis Corrales. También, más cercana a la Calle 26 (lugar donde más tarde se construyó la Asociación de Colonos del Central La Francia, hoy sede del PCC de Los Palacios) existía una escuela con dos aulas, una para varones y la otra para hembras. Siendo profesora de la de varones Carolina Soto y Ana María Valdés en la de hembras.

* En Paso Quemado existía una escuela nombrada “Batalla de Paso Real”, donde se brindaban clases de primero a sexto grado.

Nos relata nuestro estimado hermano Tomás (Pao) Cabrera Bustillo, que en la década de los años 1950's, estando su desaparecida esposa Carmelina Figueroa destacada como maestra en Paso Quemado, no tenía local para impartir clases. Entonces él compra un solar que quedaba cerca del obelisco que perpetúa la memoria de Antonio Maceo, y allí construye una escuelita con sus propios medios. Pero en el solar comprado había un pozo que daba buena agua potable y de la cual se servía todo el vecindario de la zona. Al cercar la escuelita este pozo quedó dentro de los límites de la misma. El poblado se sintió contento, pues ya tenían una nueva escuela, donde podían asistir sus hijos, pero algunos estaban tristes pues pensaban que ya no podrían utilizar el agua del pozo. Esto no fue así, pues cuando Pao se enteró, reunió a los vecinos de la escuelita y les dijo que el pozo seguía siendo de ellos y que podían beneficiarse con su agua. Todos se alegraron mucho.

En San Diego de los Baños, otro centro escolar. Las demás escuelas que tenía el municipio eran rurales, entre ellas recordamos: la que existía en el antiguo central azucarero “La Franca” (en este lugar ejercieron la profesión las maestras Aleida (Lila) Fúster, Ernestina Besú y Amalia Marsden; en la región de Macurijes había en esta época una escuela rural. Otra en la carretera de Los Palacios a Paso Real, cerca de la Finca Blay; en la finca “El Sabino”; en el Entronque de San Diego; en Perico García, en la finca “El Coco, en Inclán, en la carretera de Inclán, en Carabelas o Entronque de Bacunagua, en La Cotorra, Guasimal, Cubanacán y otra en Pincho. En el kilómetro 4, carretera de Los Palacios al Entronque de Los Palacios, en el año 1951 se construyó una moderna escuela, con la vivienda del maestro adyacente, donada por el palaceño General Quirino Uría López. La maestra de esta escuela era Angelina Franchi-Alfaro. Cuando Angelina se retiró, la profesora Zulema Nuñez, esposa del Inspector de Agricultura Miguel Fuentes, ejerció como maestra en dicha escuela.

(FIN DE LA PRIMERA PARTE)

sábado, 23 de enero de 2010


Establecimientos Dedicados a la Venta de Combustibles,
Servicios y Todo lo Necesario Para el
Sector Automotriz en el Municipio de Los Palacios
Año 1958. Habitantes: 20,358 (Censo del año 1953)
Por Jesús M.García Vázquez
"No se conserva un recuerdo, se le construye". Barón de Holbach.

PASO REAL:

Casa Amadeo. Propietarios: Amadeo González Murga y Arturo Testa Cedrón.
Cerca de la Estación del Ferrocarril y al final de la calle principal que conduce a la Playa Dayaniguas.
(Gasolina, gas-oil y gasolina blanca (*); lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios (**), servicio de ponchera y aire, planta de fregados y engrases.



Garage "Wicho". Propietario: José Luis Martínez Martín.
Calle Principal.
Gasolina, lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios, servicio de aire y ponchera.

LOS PALACIOS:

Tienda Mixta "La Primera". Propietario: Antonio Hernández Reyes.
Calle Antonio Maceo No. 57, (actual Calle 23), esquina con la Calle Iglesias (actual Calle 32).
Combustibles, (gasolina y gas-oil), lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios. Servicio de aire.

Servicentro "ESSO". Propietario: Antonio (Tony) Abay Milián.
Ave. Warren (actual Calle 20 No. 1909), esquina con la Calle José Martí (actual Calle 21), entre las Calles Ramón Cruz, (actual Calle 19) y Calle José Martí, (actual Calle 21).
Combustibles (gasolina, gas-oil y gasolina blanca), lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios, servicio de aire y ponchera, planta de fregados y engrases.

Ferretería "El Esfuerzo". Propietario: Alberto Fontela Sordo.
Calle Antonio Maceo, (actual Calle 23), entre Calle Ajuria (actual Calle 22) y Calle Céspedes (actual Calle 24).
Gasolina, lubricantes y servicio de aire.

Ferreteria "Casa Grande".
Propietario: Emilio Gómez. (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).
Calle José Martí (actual Calle 21), esquina con la Calle Céspedes (actual Calle 24).
(Gasolina, gas-oil y gasolina glanca), lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios, servicio de aire y ponchera.


Servicentro "Sinclair". Propietario: José Luis Muñóz Rodríguez.(Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).
Ave, Warren, (actual Calle 2o), esquina con la Calle Aliño (actual Calle 17).
Combustibles (gasolina y gas-oil), lubricantes y grasas, piezas de repuesto y accesorios, servicio de aire y ponchera, planta de fregados y engrases, servicio de mecánica y tornería.








CENTRAL LA FRANCIA:

Bodega de "Chencho", Propietario: Crescencio Rodríguez.
Batey del Central La Francia.
Gasolina, lubricantes, servicio de aire y ponchera.

ENTRONQUE DE LOS PALACIOS:

Garaje "Dayton", Propietario Armando López Morales.
Carretera Central Km., 122, Entronque de Los Palacios.
Combustibles (gasolina y gas-oil), lubricantes, grasas, piezas de repuesto, accesorios, servicio de aire y ponchera, servicio de mecánica y planta de fregados y engrases. Una pequeña fábrica de acumuladores.ç.

ENTRONQUE DE SAN DIEGO DE LOS BAÑOS:

Servicentro "ESSO". Propietario: Guillermo Sánchez Medina.
Carretera Central Km. 146, Entronque de San Diego de los Baños.
Combustibles (gasolina y gas-oil), lubricantes y grasas, piezas de repuesto, accesorios, servicio de aire y ponchera.

SAN DIEGO DE LOS BAÑOS:

Servicentro "ESSO". Propietario: Cirilo González.
Calle Real (a la entrada), (actual Calle 29).
Combustible (gasolina y gas-oil), lubricantes y grasas, piezas de repuesto, accesorios, servicio de aire, ponchera y planta de fregados y engrases.

(*) La gasolina blanca era utilizada en planchas y en faroles de presión.

(**) Los accesorios eran los considerados adornos: espejos, rabos de zorra, bocinas, indicadores eléctricos y todo aquelloqu se conocía como "extras" para el transporte automotor.

---En estos expendios de combustibles en Los Palacios, se vendían las principales marcas de gasolina existentes en el país: Esso, Texaco-Sinclair y Shell.

NOTA: Durante años, en una bodega situada en el Crucero Inclán, propiedad de la Familia Inclán. En la bodega "La Sanjuanera", que se encontraba ubicada en la Calle Ramón Cruz (actual Calle 19), esquina a la Ave. Warren (actual Calle 20), propiedad del señor Cayetano Guerrero y después, al ser adquirida por el señor Felipe García, pasó a llamarse "La Siempreviva", (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE),y en otra bodega que existió en la Calle Antonio Maceo (actual Calle 23), llamada "La Bomba", que después se convirtió en la tienda de ropas "La Opera", se expendía combustible y aceites lubricantes. Las bombas que se utilizaban para la venta del combustible eran de los primeros modelos que entraron al país, su funcionamiento era manual y no utilizaban energía eléctica. En la década de los años 1940's, estos expendios de combustible desaparecieron como tal. Además de las poncheras existentes en los establecimientos dedicados al giro de los servicios al sector automotriz, habían otros lugares que se dedicaban a la vulcanización de cámaras, como en talleres de mecánica y casas particulares.




















jueves, 21 de enero de 2010

Combustibles para Cocinar

Por Jesús M. García Vázquez


Desde la fundación del pueblo de Los Palacios y hasta los años de 1950's, los dos combustibles utilizados para elaborar los alimentos en las cocinas palaceñas, eran: la legendaria leña y su descendiente el carbón vegetal. Aquellos fogones de leña existentes, sobre todo en el campo, consistían en una armazón de madera de forma rectangular, con cuatro o seis sostenes, de acuerdo al tamaño, lleno de tierra y ceniza apisonada. En la parte superior, dos barras de hierro se extendían encima de unos ladrillos o piedras y sobre las cuales se colocaban las ollas, cacerolas, sartenes, jarros, cafeteras y demás aperos utilizados en la cocina cubana.

El piso de estas criollas cocinas era de tierra y la ceniza procedente del fogón constantemente se estaba vertiendo sobre el mismo, que con el caminar de los moradores de la casa se ponía tan duro y compacto como el cemento. Los techos, sobre todo los de guano, adquirían una negrura comparable con el tizne de los calderos.

La leña fue por años el único combustile a utilizar en la elaboración de los alimentos del cubano, hasta que surgió el carbón vegetal, producto de la combustión incompleta de la leña. Dícese que fueron los isleños canarios quienes introdujeron esta novedad en la isla y enseñaron a los cubanos hacer el carbón mediante el conocido horno de leña colocada verticalmente, cubierta de paja y tierra y algunos agujeros para su oxigenación.

Primero fueron los hogares de las clases pudientes y medias quienes empezaron a utilizar el brillante, limpio e higiénico carbón en las labores de la cocina, sobre todo el de aroma o marabú. Con el correr de los años en casi todos lo hogares, por muy pobres que fueran, utilizaban el carbón vegetal para cocinar, por ser tan barato. La lata del mejor carbón, se vendía a cinco centavos y la enorme saca a $1.10. Tiempo después, un saquito costaba $30.00, aunque sea carbón de almácigo que tan rápido se gasta en la hornilla.

En Los Palacios el carbón vegetal se compraba en muchos lugares dedicados a la venta de este combustible casero, como en casa de Vicente San Jorge, vendido por su esposa Filomena o en casa de Hipólito González, Polo el carretonero, vendido por su señora madre y en otros sitios más, además de vendedores ambulantes. El más característico y estable de estos vendedores de carbón lo era el Señor Joseíto Guerra, padre de nuestro querido amigo y excelente palaceño Evaristo (Niño) Guerra.

Joseíto el Carbonero, con su sombrerito de hule negro, su camisa de kaki de manga larga y abrochada hasta el último botón, su mula o caballo y su largo y sucio carromato, que tenía la forma de los carros de aquellas caravanas que hemos visto en el cine, que conducían a los primeros colonizadores que se dirigían al oeste de los Estados Unidos para colonizarlo, transitaba, aunque estuviera lloviendo a cantaros, por casi todas las calles del pueblo haciendo sonar una campanita que anunciaba su presencia. En algunas casas en el traspatio existía una pequeña casita que se le llamaba carbonera y allí siempre se encontraban varios sacos de carbón y en otros una caja grande de madera donde se guardaba el carbón.



El maloliente kerosén fue el primero en enfrentarse al carbón y la leña para sacarlos de circulación, conocido este producto en Cuba con el nombre de Luz Brillante. En el año 1882 el industrial norteamericano John D. Rockefeller construyó en la misma desembocadura del Río Almendares, en la zona conocida por La Chorrera, una pequeña refinería para producir este líquido que solamente se utilizaba, en ese lejano entonces, para el alumbrado. Lo comercializó con el nombre de Luz Brillante, que usaba como distintivo de marca un elefante sosteniendo un quinqué con la trompa, primero, y después un oso polar con el mismo quinqué encendido sobre el lomo y expandiendo una luz clara y brillante. A partir de ese momento y mediante esa pequeña refinería se establecía en Cuba la "Esso Standard Oil", que llegó a convertirse en uno de los consorcios petroleros más poderosos de los Estados Unidos.

Concluida la Segunda Guerra Mundial de inmediato empezaron a llegar a Cuba aquellos quemadores de kerosén de fabricación sueca marca "Primus", de los que hace mención el antropólogo y explorador noruego Thor Heyerdahl, por llevar una pequeña cocinita dotados de ellos a bordo de su rústica embarcación Kon-Tiki en su travesía por el Oceáno Pacífico con el propósito de probar las corrientes migratorias existentes entre los aborígenes de América del Sur con los pobladores de las islas del Océano Pacífico. Estos quemadores funcionaban por presión de aire comprimido, además de un pre-calentamiento con alcohol para su gasificación.




En poco tiempo llegaron estos quemadores a Los Palacios y de inmediato en algunos talleres del pueblo se comenzaron a fabricar cómodos y baratos muebles de cocinas para dotarlos de estos quemadores y su sistema. Jesús Abed Martínez, conocido por Jesús el Morito, que trabajaba en la herrería de Chón, se especializó en esta función.

El día 3 de Julio del año 1844, el Ayuntamiento de La Habana le otorgó una concesión al Señor James Robb, de Nueva Orleans, Estados Unidos y al Señor Miguel de Silva, de La Habana, para construir y explotar una planta productora de gas procedente del carbón mineral y otros ingredientes químicos, instalar tuberías en las calles y distribuir el gas para el alumbrado público y para uso privado. Los señores Robb y Silva organizarón la Compañía Hispano Cubana de Gas de Alumbrado, construyeron la planta en la portuaria Tallapiedra y antes de un año las principales calles de La Habana, parques, edificios públicos y hogares de la entonces burguesía habanera eran alumbrados con este gas, bautizado por los habaneros con el nombre de gas manufacturado o gas de la calle. En el año 1877 el Señor Domingo Stable, de La Habana, recibió concesión, otorgada con las mismas características de la anterior, para construir otra fábrica de gas en la Estación de Rincón de Melones, en la orilla sur de la Ensenada de Atarés, en la Bahía de La Habana. El único uso que tenía este gas producido en Tallapiedra y en el Rincón de Melones era para el alumbrado.

En el año 1886 se instalaron las primeras lámparas eléctricas de arco en las Calles de Obispo y O'Reilly, en sustitución del alumbrado de gas. En el mes de Junio del año 1889 el Gobernador General de Cuba aprobó la instalación de lámparas eléctricas en la Plaza de Armas y un mes más tarde se sustituyeron 388 lámparas de gas en parques y paseos públicos por las nacientes eléctricas. Este fue el comienzo de la luz eléctrica en Cuba, que a partir de ese entonces aumentó rápidamente.
Con la aplicación del fluído eléctrico como medio para alumbrarse, tanto por el disfrute de un alumbrado más luminiscente y científicamente más cómodo y seguro, así como el poder accionar algunos aparatos eléctricos que ya habían hecho su aparición en el mercado, todos acogieron con gran entusiasmo la revolucionaria electricidad y las plantas productoras de gas manufacturado en La Habana se vieron en la amarga necesidad de cerrar sus puertas.

Durante algunos años la industria del gas se matuvo inactiva, hasta que se empezó a utilizar este producto como combustible para cocinar. Modernas y confortables cocinas que utilizaban el gas manufacturado o de la calle, fueron traídas de Europa y los Estados Unidos. Las plantas productoras de este gas acondicionaron sus instalaciones para responder a las exigencias y demandas de la naciente industria.

Varios hidrocarburos, como el propano, el butano y el pentano o mezclas de esos gases se licuan para emplearlos como combustibles. Estos gases suelen almacenarse en cilindros o tanques metálicos y gracias a este embotellamiento pueden ser utiliados como combustible para cocinar en localidades o lugares carentes de un suministro centralizado de gas. Estos gases embotellados se producen a partir del refinamiento del petróleo crudo.
El gas embotellado comenzó a comercializarse en Cuba bajo distintas marcas comerciales, siendo las mas importantes Trópigas, Mi-Gas y Shellane. A Los Palacios comenzaron a llegar estos pesados botellones a partir del año 1951. La primera marca en llegar fue Trópigas, representada por el Señor Rafael Brito. Posteriormente Mi-Gas, ostentando su representación el Señor Alberto Fontela y en el año 1958 el comerciante Antonio Hernández y su hermano Chicho asumieron en el municipio la gerencia del gas embotellado Shellane. Los cilindros de cien libras de gas se vendían a $11.00, incluyendo en este costo su acarreo al domicilio del cliente y su instalación. Una familia de cuatro personas consumían un cilindro cada tres meses, aproximadamente.
Con la intención de aumentar su clientela, los hermanos Hernández, por la cantidad de $25.00, instalaban una cocinita de tres hornillas con todo su aditamento y su correspondiente balón de cien libras.
También en los años 1950's las cocinas eléctricas llegaron a Los Palacios y los hogares que utilizaban electricidad para cocinar, que se convirtieron en grandes consumidores al poseer también otros equipos electrodomésticos, solicitban a la Compañía Eléctrica la tarifa económica y este fluido se le abarataba considerablemente. Existía un constante llamado al consumo de electricidad por parte de los productores y distribuidores, quienes mantenían en la prensa radial y escrita el siguiente slogan: "Viva Mejor, Consuma más Electricidad".
Al finalizar la década de los años cincuenta del siglo pasado, los distintos tipos de combustibles utilizados en el mundo para cocinar, eran conocidos y empleados en Cuba, así como en Los Palacios: la leña, el carbón vegetal, el kerosén, el alcohol, el gas licuado o embotellado y la electricidad.
BIBLIOGRAFÍA:
-Censo Nacional de la Repúblia de Cuba del año 1943.
-La Expedición de la Kon-Tiki (Thor Heyerdahl, Año 1948.
-Diario de la Marina (Año 1957, anuncios).
-Revista Bohema (anuncios).
El Transporte por Ferrocarril


Por Jesús M. García Vázquez


El día 19 de Noviembre del año 1837, en ocasión del santo de la Reina Isabel II, se inauguró solemnemente el ferrocarril en Cuba; toda una multitud contempló asombrada los ruidosos movimentos de la locomotora. A las ocho de la mañana de ese día salió el primer tren de La Habana en dirección a Bejucal, convirtiéndose Cuba en el séptimo país en el mundo y el primero en América Latina en poseer ferrocarril. De inmediato comenzó la expansión del nuevo medio de transporte a las fértiles y ricas zonas de Güines, San Antonio de los Baños, San Felipe y Batabanó. Fueron varias las empresas ferroviarias que rápidamente se constituyeron. El Ferrocarril del Oeste fue la segunda de estas empresas en constituirse en La Habana en el año 1857. La concesión para crear esta compañía fue solicitada en Agosto del año 1857 por los hermanos Joaquín y Luis Pedroso Echevarría, cabezas visibles de una de las más antiguos y poderosas familias de la oligarquía habanera. El proyecto de los hermanos Pedroso consistía en el tendido de una línea ferrocarrilera entre La Habana y la Villa de Pinar del Río, cabecera de la más occidental de las proincias cubanas. El motivo económico del nuevo proyecto no era, como en otros casos, la transportación del azúcar, sino la riquísima producción tabacalera de vueltabajo. Solamente en la jurisdiccón pinareña se cultivaban más de 3,000 vegas, cuya producción anual se acercaba a las 50,000 cargas (tercios) de la preciada hoja. Como no existían vías férreas en esta región, los cosecheros llevaban sui productos hasta los embarcaderos de la costa sur para remitirlos hacia La Habana, vía Batabanó. Algunos interesados en este tráfico habían concebido el plan de construir una pequeña vía ferrera entre Pinar del Río y el embarcadero sureno de La Coloma. El proyecto de los hermanos Pedroso en llevar el ferrocarril hasta Pinar del Río exigía crear una vía férrera de 187 kilómetros, la más extensa de cuantas se habían proyectado en Cuba hasta aquel momento.

A mediados del año 1858 se comenzaron los trabajos de la monumental vía. Llegando los servicios del Ferrocarril del Oeste a Artemisa en el año 1864. En el año 1866 el pueblo de Candelaria inauguraba el ferrocarril y se esperaba que en menos de tres meses llegara a San Cristóbal, pero demoraron cinco años, llegando en el año 1871. El pueblo de Los Palacios conoció de los beneficios y ventajas del transporte por ferrocarril en el mes de Agosto del año 1876. (Estación del Ferrocarril de Los Palacios. Fotografïa: Luis J. Puentes (Pilingo).

Los terrenos en que fue construida la estación, el almacén y otras instalaciones de los ferrocarriles en Los Palacios, fueron cedidos por los Señores Manual Ajuria, Ignacio María Sangroniz y Santos Villaverde, mediante escritura pública de fecha 29 de Mayo del año 1876, otorgada ante el Notario Público de La Habana Antonio Mendoza y Aranda. El terreno cedido medía trece mil novecientos cincuenta y ocho metros cuadrados con sesenta centímetros, y según consta, al otorgarse la escritura de cesión del terreno a favor de los Ferrocarriles del Oeste, ya la estación y el almacén estaban fabricados y ocupada la faja de terreno por donde discurre la vía.

Con la llegada del ferrocarril a tierras pinareñas comenzó la inmediata decadencia del transporte por cabotaje, hasta desaparecer totalmente. En la Guerra de Independencia del año 1895, el 19 de Enero de 1896, las fuerzas de Cayito Álvarez y Antonio Núñez destruyeron la Estación del Ferrocarril de Los Palacios.

Estos trenes de transporte público, además realizaban el servicio de correos y carga de mercancía. Paraban en todas las estaciones y apeaderos. (Servicios e Itinerario de los trenes).

Era tanta la exactitud y puntualidad de los trenes en salir diariamente y cumplir con el horario establecido, que su paso y sus pitazos eran utilizados para poner los relojes en hora. Además de negocios que existían y utilizaban el ferrocarril como medio seguro de transportación.

En San Luis, Pinar del Río residía el Señor Toribio Torres, quien se dedicaba a vender helados Guarina en las fiestas de los pueblos pinareños y utilizaba el ferrocarril en su negocio. Para obtener los helados a vender en las verbenas de Los Palacios, el Día de la Candelaria en Consolación del sur, la Fiesta de San Juan en San Juan y Martínez, los carnavales en Pinar dle Río y en otros lugares, encargaba a la fábrica Guarina una guacal de helados de varias clases y sabores. Este enorme guacal, conteniendo helados, coco glazé, popsicles, bocaditos, etc., etc., venía muy bien envasado con una lona especial y todo recubierto de hielo seco. El importe del precio de los helados y su transporte era a pagar en la Estación del Ferrocarril al ser recibido. Un servicio más que prestaban los trenes.

En el año 1955 comenzaron a funcionar, Habana-Guane y Guane-Habana, los coches-motor Budd, a veces con arrastre cuando el caso lo requería. Estos modernos y cómodos coches, de color plateado, poseían aire acondicionado, asientos reclinables y servicio de buffet; eran de Segunda Clase. En el año 1958 fueron sustituídos por los coches-motor de fabricación alemana Werdingen, más modernos aún que los Budd. Estos coches-motor salían tres diariamente de La Habana con destino a Guane y tres de Guane hacia La Habana.

A partir del año 1955 por Los Palacios pasaban doce trenes de pasajeros; seis con destino a Guane y seis con destino a La Habana. Sin contar los de carga y los extras, que venían a cargar azúcar, áridos y otros productos. En el año 1957 las veteranas e históricas locomotoras de vapor fueron sustituidas por las modernas Max de fabricación alemana, hidráulicas y consumidoras de diesel. Los centrales azucareros adquirieron estas viajes locomotoras, donde aun se consevan algunas, y las demás fueron vendidas como chatarra.

domingo, 17 de enero de 2010

El Transporte de Cabotaje

Por Jesús M. García Vázquez


El desarrollo alcanzado durante los Siglos XVIII y XIX por los territorios de Consolación del Sur, San Cristóbal y Los Palacios, así como la merecida fama beneficiosa de los baños termomedicinales de San Diego de los Baños y la importancia de otros asentamientos humanos, influyeron para que la Ensenada de Dayaniguas, (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE), y el Embarcadero Hernán Cortés, (desembocadura del Río San Diego), se convirtieran en lugares frecuentados por la navegación de cabotaje. Por estos dos puntos marítimos entraban las diversas mercaderías necesitadas en toda la zona, tales como sal, lencería, cerámica y todo tipo de objetos necesarios para la población. Por otra parte, las producciones del territorio como pieles, azúcar, maderas, cebo, carne salada, tabaco, mieles, etc., se embarcaban por esos lugares con destino a La Habana, vía Batabanó.
En el año 1841, barcos pertenecientes a la Compañía Naviera del Sur, integrada por el consorcio Bustamante y Cajigal, comenzaron a ofrecer los servicios de navegación desde Batabanó hasta Dayaniguas, la Coloma, Punta de Cartas y Bailén. Fue el "Sirena", barco accionado por vapor, el primero que entra a Dayaniguas, después le siguen los barcos de considerable calado "El Reemplazo", "General Concha", "Cristóbal Colón" y otros. Saliendo del Puerto de La Habana y bojeando toda la costa norte hasta llegar al Cabo de San Antonio y después seguir hasta Dayaniguas, el vapor "El Veguero" enlazaba a este recorrido la zona norte del occidente cubano con la del sur, pues los otros solamente lo hacían por el sur, desde Batabanó hasta Bailén. En el año 1843 el propio Bustamante visista la zona portuaria palaceña, ordenando construir grandes almacenes en el embarcadero Hernán Cortés y en Dayaniguas, así como un hotel en San Diego de los Baños. En el año 1853 la Compaía Naviera del Sur construye otro muelle en Dayaniguas, para el cargue y descargue de mercancías. Barcos de Cabotaje.



También barcos de la Empresa de Fomentos, dedicada al cabotaje marítimo, realizaban viajes a Dayaniguas y al Embarcadero Hernán Cortés.

A partir de esa época se construyen las primeras casas en la Playa Dayaniguas y se conoce que infinidad de embarcaciones, de distintos tipos y tonelaje, traficaban por el área. En el año 1859 existían en el lugar alarededor de una veintena de chozas de techo de guano, una fonda, posada y una casa para el cobro de rentas.

Los medicinales baños sulfurosos de San Diego, atraían a cientos de viajeros anualmente que utilizaban la vía marítima Batabanó-Dayaniguas, como medio de transporte para llegar hasta el lugar. Al inaugurarse el ferrocarril de La Habana a Batabanó, las compañías de vapor habían ajustado sus salidas en consideración a la llegada a Batabanó de los trenes procedentes de La Habana. La primera escala del vapor era en Dayaniguas, después La Coloma, Punta de Cartas y finalmente en Bailén. San Diego de los Baños.

El precio del pasaje de Batabanó hasta Dayaniguas era de $5.37. A los criados esclavos que venían enfermos les costaba menos el pasaje.

La Compañía Naviera del Sur contaba con vapores que se dedicaban solamente a la transportación de pasajeros, además de traer y recoger la correspondencia. Estos barcos en su regreso utilizaban diariamente el siguiente horario: Salida de Bailén a las 9:00 a.m., llegada a Punta de Cartas a las 10:30 a.m. A la 1:00 p.m., entraba a La Coloma y a Dayaniguas a las 5:00 p.m. Llegando en horas del amanecer del siguiente día a Batabanó.

Por este medio de transporte, anualmente y según estadísticas, viajaban miles de personas a la zona. Se conoce que los Baños de San diego eran visitados cada año por alrededor de dos mil personas, aproximadamente. La navegación de cabotaje trajo prosperidad a la región, siendo el poblado de Paso Real el más beneficiado.

La tormenta denominda "El buey de agua", del mes de Octubre del año 1895, destruyó los embarcaderos y los grandes almacenes.












viernes, 15 de enero de 2010

El Transporte Público en Los Palacios


Por Jesús M. García Vázquez

El hombre ha vencido en el transporte y la transmisión de mensajes, el tiempo y la distancia, pero para llegar a esa perfección actual, la humanidad ha luchado durante muchos siglos en mejorar poco a poco sus comunicaciones. En remotas épocas, el hombre no tuvo más que sus desnudos pies como medio de transportarse de un lugar a otro. Con ellos abrió oscuras veredas en el monte. Con sus pies pisoteó la hierba de las estepas y las cañadas en busca de agua que calmara su sed o tratando de encontrar frutos jugosos que aplacaran el hambre; por milenios y siglos la vereda fue el único medio de contacto entre las tribus de la prehistoria. En épocas más avanzadas y cuando el incipiente comercio demandaba el transporte de granos, de sal o de otros artículos, a pie y cargado sobre sus propias espaldas los bultos para el trueque, el hombre primitivo se servía de las veredas en su tránsito hasta los lugares en donde sus productos tenían demanda y él, a su vez, encontraba aquello que ncesitaba para la subsistencia de los suyos.

Mucho tiempo después, pueblos dedicados a la agricultura y al pastoreo demesticaron algunos animales; el buey, el asno, el camello y el caballo fueron de los primeros, contando el hombre, a partir de ese momento, de fuerzas auxiliares para los distintos trabajos en la tierra y para el simple tránsito por los caminos de la comarca. La domesticación de estas bestias, y su uso para los distintos fines, representa toda una época en el futuro desarrollo de la humanidad. Marca el principio de una línea de ascenso en el sentido material y espiritual que no se ha de interrumpir jamás. Desde el punto de vista de las comunicaciones, estas bestias, convertidas en animales domésticos, permitieron y facilitaron el incremento del comercio. Nacen las recuas y los mercaderes realizan su obra de comercio y penetración. El hombre deja de cargar sobre sus espaldas la mercancia; la bestia lo hacer ahora por él. En un paso más de avance el hombre primitivo inventó la rueda.

¡LA RUEDA!, ¡Qué gran avance para la humanidad!.
Con la rueda se construyen los primeros carruajes. Nace la carreta y esta es utilizada, dentro de sus muchos fines, para recoger la cosecha y el traslado de personas de un lugar a otro. Todo un mundo nuevo se inaugura con la rueda. Mientras la rueda no existió faltaba el vehículo.



Correspondió a aquella remota época la constsrucción de los primeros caminos para transitar y puentes para salvar las barrancas y ríos. Quizás por donde el cazador pasó en persecución de su presa, por donde la caravana primitiva realizó penoso tránsito o por las mismas veredas que caminaron con el sangrante pie razas olvidadas, el hombre de hoy pasa como ráfaga en cómodos y veloces vehículos.

En el mundo actual el desarrollo de un país y la intensidad de la vida de sus habitantes se puede medir pricipalmente por el desenvolvimiento de las comunicaciones. El hombre, en su contínua marcha hacia el progreso, ha logrado que el planeta sea del tamaño de una pelota de fútbol. En un viaje trasatlántico, saliendo de París rumbo a Nueva York a bordeldel supersónico avión comercial "Concord", se llega a Nueva York antes de salir de París, de acuerdo al horario internacional y a la diferencia de horas. Se puede desayunar en Nueva York, hacer las gestiones que dieron motivo al viaje, almorzar en la Gran Urbe y regresar a París para dormir en casa, en el propia día.

El historiador y escritor pinareño Wilfredo Denie Valdés, sobre el tema del Transporte Público, escribió: "en los tiempos modernos en que el mundo se desarrolla, el país que no cuente con los suficientes medios de transporte está condenado al fracaso de su economía para caer en una incontrolable involución difícil de pronosticar sus consecuencias". (Revista Vitral, Año XIII, No. 44. Julio-Agosto, 2001. Pág. 28).

Toda villa, ciudad o pueblo tuvo su origen en una asentamiento poblacional. Estos se formaban, generalmente, a las orillas de un río, de un lago o en las costas y el lugar de su formación obedecía a la subsistencia de sus pobladores. Después del año 1554 comienza a poblarse la parte más occidental de la Isla de Cuba, la llamada vueltabajo. Surgen los primeros hatos y corrales; las vegas dedicadas al cultivo del tabaco tienen su origen años más tarde. Los medios de transporte entre estos grupos de población eran las carretas, volantes y coches tirados por bueyes, mulos y caballos. Trasladarse de un lugar a otro con aquellos rudimentarios medios, en épocas de lluvia y por los intransitables caminos, resultaba para los primeros pobladores de la región vueltabajera una verdadera odisea. Alrededor de veinte a treinta incomodas horas duraba un viaje desde La Habana a diferentes lugares de la provincia.

¿Falta mucho para llegar a Los Palacios?. Esta pregunta era muy frecuente escucharla al encontrarse viajeros que marchaban en direcciones opuestas, de vueltabajo hacia La Habana y de La Habana a vueltabajo. El Camino Real que conducìa de La Habana a la región occidental seguía la ruta de lo que es hoy la Calle Antonio Maceo (actual Calle 23), del pueblo de Los Palacios, atravesando el Río Macurijes en una de sus partes más baja y estrecha. En la margen occidental de este río, cercano al Camino Real, una familia de apellido Palacios se estableció con un negocio de hospedería. En este lugar los viajeros disponían de un sitio donde descansar, alimentarse y pernoctar. Sus cabalgaduras también recibían atención. Alrededor del lugar se formó un núcleo poblacional, más hacia el este de la margen oriental del río, que al transcurrir de los años se convirtió en el pueblo de Los Palacios, fundado en el año 1760. El río dejó de llamarse Macurijes para adoptar el nombre del pueblo. (Fotografía: Angel González). En el año 1763 se reconstruye la Iglesia Parroquial, en el lugar donde se encuentra actualmente, a merced de dos caballerías de tierra donadas a la iglesia por las monjas del Covento de Santa Catalina de Sena. En el año 1796 el caserío estaba compuesto de dieciséis a veinte casa, todas de guano, con su parroquia.

Alrededor del año 1850, Los Palacios contaba con una población cercana a los 4,000 habitantes. En sus tierras existía un pequeño ingenio azucarero, 38 potreros y haciendas de pastos y 152 vegas de tabaco. Para esa misma época, San Diego de los Baños contaba con 120 casas, muchas de ellas con habitaciones para hospedar a los que venían a recibir los beneficios de sus aguas medicinales, 6 fondas, 7 tiendas, 1 café/billar y 1 valla de gallos. El poblado de Paso Real de San Diego, existente en ese entonces donde hoy se encuentra el caserío de Paso quemado, lo componían 50 edificaciones de distintas clases, 1 oficina de correos de dos carteros, 1 receptoría de rentas y varias fondas. (Busto del General Antonio Maceo en Paso Quemado, conmemorando la batalla de Paso Real en la Guerra de Independencia cubana. (Fotografía: Luis J. Puentes (Pilingo).

jueves, 14 de enero de 2010

El Transporte Terrestre en Los Palacios

Por Jesús M. García Vázquez

Se mantiene la certeza que el español Manuel Inclán, radicado en Los Palacios, fue el primero que realizó las funciones del transporte público automotriz en este pueblo. Poseía un pequeño ómnibus de fabricación francesa “Lafayette” (tres patá), de los primeros que entraron al país. Su carrocería era de madera y sin techo. Durante años el mismo se encontraba en una cochera aledaña a su hogar en la Calle Serafín García, (actual Calle 28), lugar donde sus hijas Chavela y Beba poseían y operaban la Academia Inclán.
Prontamente el pueblo de Los Palacios se relacionó al transporte terrestre y el 2 de Mayo del año 1925, con motivo de los festejos patronales, con el comienzo de la celebración de las verbenas palaceñas, se llevaron a efectos en su suelo carreras de automóviles. Siendo esta carrera la primera celebrada en la provincia de Pinar del Río y donde participaron famosos corredores de la Habana y otros lugares. (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).
Fueron varios en nuestro pueblo los que se dedicaron al negocio del transporte público por carretera.
Los palaceños mayores de cincuenta años aun se acuerdan de las guaguas llamadas las “amarillas” y “las verdes”. Los nombres de Ventura Inclán, Gumersindo González, César García Suárez (Sonte) y su hermano Luis, Ciprián Cruz, Félix (Biajaca) , el español Francisco Bargueiras, Félix Oliva y otros más como empresarios o propietarios, se mantienen en el recuerdo de los palaceños, conjuntamente con los chóferes y conductores; Antonio Díaz Monzón, Francisco y Valentín Hernández, a Heriberto Blanco, Amparo Casanueva, Eugenio Orozco, Manolito Casanueva, Rodobaldo Orozco, Orlando Valle, Orlando Inclán, los hermanos Pedro, Ismael y Raúl Valetón, Ricardo Díaz, Luis (Tina) Pérez, los hermanos Arteaga, Tata y Cheo Almora, Eleno García, Tito García y otros. Los mecánicos Pablo Díaz (Güira), Enrique (Tata) Sotolongo y su hijo Máximo y Luis Zayas. El ponchero Loreto Solano (Pancho Bolo) y el oficinista Juan Carmona (Bachiche).
A mediados de la década de los años cuarenta existían en Los Palacios dos corporaciones o asociaciones de ómnibus que se dedicaban a la explotación del transporte público, que cubrían el trayecto de Los Palacios, hasta Paso Real y San Diego, pasando por el Entronque de Los Palacios. En Diciembre del año 1945 la Comisión de Transporte concedía nuevos permisos a estas rutas de ómnibus, que comprendían el itinerario de Los Palacios a San Diego y de Paso Real a Los Palacios. Estas dos asociaciones de ómnibus, que prestaban sus servicios desde el propio pueblo de Los Palacios, se les conocía popularmente, dado su color, por las “amarillas” y las “verdes”. Las amarillas estaban asociadas a la C.O.A (Cooperativa de Ómnibus Aliados). Tenían su nave y taller en la Calle José Palacios, (actual Calle 30), entre Calle Antonio Maceo, (actual Calle 23) y Calle José Martí (actual Calle 21), lugar donde años más tarde funcionó la Piquera de Taxis. Su recorrido era: de Los Palacios al Entronque de Los Palacios, siguiendo por la Carretera Central hasta llegar a San Diego y de Los Palacios a Paso Real, siguiendo por Paso Quemado, el Jagüey y toda la zona hasta llegar a San Diego. Los dueños de las guaguas amarillas lo eran Luis y César García, conocido por Sonte. Años más tarde César se convirtió en dueño absoluto de las amarillas, al comprarle su parte a su hermano Luis. Entre los empleados de aquellos años se recuerdan a Inés B. Almora (Tata), Amparo Casanueva, Manuel Díaz (Carabelas), los hermanos Zoilo y Guango Castillo, Tito R. García y otros.


Las “verdes” fueron creadas en el año 1945, su recorrido era Los Palacios a San Diego, vía Entronque de Los Palacios. Sus dueños fueron Félix García y un español nombrado Francisco Bargueiras, quien en el año 1950 compró su parte a Félix García, quedando como único dueño. Estos ómnibus tenían su nave y parqueaban al fondo de la “Casa Pepe”, entrando por la Calle Céspedes, (actual Calle 24). Comenzaban a recoger pasaje frente al “Hotel Casanueva” en la Calle Antonio Maceo Maceo # 7, (actual Calle 23). Los primeros empleados de esta ruta fueron Lucio Suárez, Valentín Hernández, Antonio Díaz Monzón, (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE), y Chano Corchero. El servicio comenzaba a las 6.00 AM., y terminaba a las 8.00 PM., con salida cada una hora. Su carrocería y piso era de madera enchapada y se reconstruían en un taller de carpintería que poseía Bargueiras en la Lisa. En el año 1957 Sonte le compró a Bargueiras las guaguas verdes y pasaron a ser parqueadas y atendidas técnicamente en la nave de la Calle 30, junto a los demás ómnibus de su propiedad.
En el año 1948 fue constituida una ruta que desde el Entronque de Los Palacios se dirigía a la zona montañosa de Rancho Mundito y Sabanilla, con un ómnibus propiedad de Gumersindo González. Funcionaba en esta ruta como chofer Andrés Ávila, Rolando Rodríguez como conductor y Eugenio Orozco de suplente. En el año 1949 le fue concedido permiso a Gumersindo González para que su ruta llegara hasta Los Palacios. En ese propio año se incrementó la ruta con un nuevo ómnibus propiedad de Ventura Inclán, el cual era manejado por el propio Ventura y años más tarde por sus hijos, teniendo a Eugenio Orozco como conductor.
En el año 1950 siguió creciendo esta ruta a las montañas con la puesta en función de otro ómnibus propiedad de Calixto López, y en el mismo comenzaron a trabajar Heriberto Blanco de chofer, los hermanos Perico y Rodobaldo Orozco de conductores, también en estas funciones Pedrito Martínez (Malanga). Estos carros parqueaban y eran reparados en el taller de Tavo Sordo, situado al fondo de su hogar en la céntrica Calle Antonio Maceo, (actual Calle 23). Esta ruta realizaba cuatro viajes diarios por cada ómnibus, comenzando con 4, después con 8 y por último con 12 viajes diarios desde Los Palacios hasta la zona montañosa de Rancho Mundito y Sabanillas.
En el año 1954 esta ruta de viajes a las lomas, como se le conocía, fue comprada por César García y sus carros pasaron a parquear para la nave de su propiedad en la Calle José Palacios (actual Calle 30), entre la Calle Antonio Maceo (actual Calle 23) y Calle José Martí, (actual Calle 21). Lugar donde unos años más tarde se convertiría en una pequeña Terminal.
El empresario César García Suárez se convirtió en dueño absoluto y único operador de los ómnibus existentes en Los Palacios, llegando a poseer once de aquellos anticuados carros. Los mismos siguieron con sus colores de amarillos y verdes y su organización. Los amarillos, que estaban asociados a la COA, con 4 carros, tres trabajando y 1 de repuesto, realizaban 18 salidas diarias con destino a San Diego, utilizando el itinerario Los Palacios – Paso Real – San Diego. Los verdes, con 3 carros, dos trabajando y 1 de repuesto, efectuaban 16 salidas diarias para San Diego siguiendo el itinerario de Los Palacios – Entronque Los Palacios – San Diego. Con destino a Rancho Mundito y Sabanillas, disponiendo de 4 carros para esa zona, tres trabajando y 1 de repuesto, se efectuaban diariamente 18 salidas. En muy contadas veces, dejó de salir el ómnibus en el viaje previsto, porque existía uno de repuesto. Así como el caso de no poder concluir el viaje por roturas en el mismo, eran muy pocas.


Trabajaban en la atención técnica y administrativa de estos ómnibus; los mecánicos Enrique Sotolongo (Tatá) y Julio García, que entró a trabajar por Pablo Díaz (Güira) al mudarse este para Bauta en el año 1956; asistidos de los ayudantes Luis Zayas, Rufino Cabrera y Máximo Sotolongo. Como ponchero el conocido Pancho Bolo y de oficinista Juan Carmona (Bachiche), quien tenía las funciones de estar al frente del almacén de piezas de repuesto, de despedidor, recaudador del dinero y pagador.


Los mantenimientos (fregados y engrases) se efectuaban en el Servicentro Dayton en el Entronque de Los Palacios. Se abastecían de combustibles y aceites lubricantes en el Servicentro “Esso” en Los Palacios, (Fotografía: ARCHIVO (OGEPE).
A otras zonas dentro del municipio también les llegaba el transporte público terrestre, como el Central La Francia y la Playa Dayaniguas. Para ir de Los Palacios al central existía un carro de línea llamado “El Cuche”, el que llegaba hasta los bateyes de Santa Rosa, Guasimal, Corralitos y otros caseríos existentes en las colonias cañeras de la zona. Este carruaje, además de transportar pasajeros, llevaba mercancía para las bodegas existentes en los sitios mencionados y acarreaba carbón vegetal de esos lugares hasta Los Palacios. Los dueños de este medio de transporte fueron Ciprián Cruz y Waldo Roque y entre sus empleados estaban: Juan Padilla, Rafael Solano, Ricardo Perdomo, Francisco Torres, Israel Calderón, Rafael Cruz (Felo) y Juan Domínguez. A mediado de los años cincuenta Ciprián Cruz puso en funcionamiento una guagua que, paralelamente con el Cuche, realizaba viajes de Los Palacios a La Francia.
A partir del año de 1950 dos guaguas propiedad de Félix Oliva Cobo realizaban viajes de Paso Real a Cubanacán y en la temporada de playa y Semana Santa llegaban hasta Dayaniguas. Estos ómnibus realizaban 10 viajes diarios. Entre sus empleados estaban: Paulino Negrín, José L. López Cuenca, Francisco Romero (Pancho Flores) y el mecánico Héctor Crespo.
Robustecían el transporte en Los Palacios seis entradas diarias que hacían a Paso Real, desde la Habana y pasando por Los Palacios, ómnibus de la Ruta 35. Los chóferes de estos ómnibus marcaban su llegada y salida en un reloj situado para el caso en la Bodega de Pedro Martín en Paso Real. Los dos ómnibus de la Ruta 35, (el 1041 y 1042) que a partir de 1949 salían diariamente de Los Palacios para la Habana. Eran conducidos por Pablo González y su hijo Julio González Iglesias (Lilo). La infinidad de autos de alquiler existentes en Los Palacios y Paso Real, algunos con salidas diarias con destino a la Habana y Pinar del Río. El buen número de camiones porteadores en ambas localidades. La abundante y constante circulación de ómnibus, de servicio regular o especial, que pasaban por el Entronque de Los Palacios procedentes de la Habana y Artemisa rumbo a Pinar del Río y de Pinar del Río a viceversa, que le permitían a los residentes de Los Palacios el abordar un transporte para emprender un viaje antes que transcurrieran 30 minutos de haber salido en busca de transportarse.

DEDICACIÓN:
-A todos aquellos que de una forma u otra tuvieron que ver con el Transporte Público en Los Palacios. Muchos moran en el Oriente Eterno, otros disfrutan de una merecida jubilación. Sea para ellos este trabajo un testimonio de recuerdo y gratitud.

Mi agradecimiento a:
-Rolando Cordero Alfonso, Juan Carmona Lugo (Bachiche), Armando Robaina González (Pipo) y Orlando L. Núñez Fernández (en el Oriente Eterno), que sin el concurso de sus modestos aportes me hubiera sido imposible este trabajo.

Mi agradecimiento más absoluto a:
-Luis Arteaga Hernández y Ricardo Díaz Capote trabajadores jubilados del transporte en Los Palacios con más de 40 años de labor en el mismo, por los datos ofrecidos y su disposición espontánea y entusiasta a cooperar con este trabajo del Transporte Público en Los Palacios.

Bibliografía
-Periódico “El Esfuerzo” (Los Palacios) Año 3. No. 55 Dic/l945.
-Revista “Vitral” Año VIII, No. 44 Julio/Agosto 2001. Pág. 28.
-“Caminos para el Azúcar”, Oscar Zanetti Lecuona y Alejandro García Álvarez, Editorial Ciencias Sociales 1987. (páginas 80,81 y 82).
-Legajos y Documentos de la notaría del Dr. Antonio Mendoza y Aranda (1876). Archivo Nacional de Cuba.
-Folleto “Itinerario del Ferrocarril del Oeste”, 1935.
-Folleto “Itinerario del Ferrocarril del Oeste”, 1955.
-“Recordando a Los Palacios”, Osvaldo Gotera Tomo I y Tomo II.
-Geografía de la Isla de Cuba, Esteban Pichardo (1854)
-Notas Sociales de Los Palacios, Manuel Medel Nodarse, Periódico “El Mundo”, 10 de mayo de 1925.
-Historia Local de Los Palacios (archivos), Lic. Luis Martínez Zamora y Rolando Cordero Alfonso.